Y ahora, ¿qué diablos hago con esta emoción? A menudo nos sentimos perdidxs cuando una emoción intensa nos embarga. Existe un gran desconocimiento sobre qué son las emociones, cuáles son sus funciones y cómo podemos gestionarlas y jugarlas a nuestro favor.

Nuestras dificultades para gestionarnos emocionalmente nos llevan, en muchos casos, a tratar de anestesiar nuestras emociones como sea. Para no sentirlas bebemos, nos drogamos, tomamos psicofármacos o nos pasamos horas con Netflix o en el gimnasio. Para más inri, esto suele generar una sensación de aburrimiento, de sentirse muertx en vida, que nos angustia y que tratamos de compensar buscando sensaciones de alta intensidad. O sea, de nuevo, bebiendo o tomando otras sustancias, comprando, viajando, consumiendo romances o encuentros sexuales o, para los más intrépidos, practicando deportes de riesgo.

 

A la gente le gusta sentir. Sea lo que sea.
-Virginia Woolf-

 

Estamos diseñadxs con recursos infinitos para adaptarnos al mundo y sentirnos plenxs y realmente vivxs de forma natural. Mi propuesta es permitir que nuestras emociones nos llenen de vida y la coloreen sin que nos limiten ni la compliquen en exceso.

 

Evaluando las emociones

Es importante que reconozcamos que no hay unas emociones buenas y otras malas ya que todas son positivas y útiles en el sentido que nos ayudan a movernos adaptativamente por el mundo.

Es más adecuado clasificarlas como agradables o desagradables según el momento. También resulta útil evaluar su nivel de intensidad ya que nos indicará, entre otras cosas, la urgencia con la que atender el asunto que señalan.

Una misma emoción -la alegría, por ejemplo- puede ser dulcemente agradable en un momento determinado y en otro sentirla de forma desagradable porque su nivel de intensidad es excesiva. Lo mismo sucede con el miedo, por ejemplo, puede ser desagradable cuando sentimos una sensación de pánico porque peligra nuestra vida y agradable cuando la sentimos durante una caída libre en un parque de atracciones.

 

Gestionando nuestras emociones

Más allá de como las evaluemos o no, lo realmente esencial es que escuchemos nuestra voz emocional interior. Vamos a ver algunas orientaciones básicas:

 

1. Darnos cuenta…

En primer lugar, necesitaremos estar atentos a nuestro cuerpo, a las sensaciones que aparecen, notarlas y sentirlas de forma que podamos reconocer qué es lo que nos está sucediendo y cómo lo estamos sintiendo. Suele ser útil atender a reacciones fisiológicas como cambios en la temperatura corporal, tensión en determinadas zonas, vibraciones o temblores, cambios en nuestra respiración, sensaciones de contracción o expansión, cambios en la expresión facial, etc.

Las emociones, las experimentamos en el cuerpo por lo que es vital que tengamos cierta consciencia corporal, así como la capacidad de prestar atención, algo que hoy en día con tanta sobreexposición a estímulos diversos está viéndose realmente reducida.

Es muy común preguntarle a alguien por lo que está sintiendo y que te responda con diversos pensamientos sobre la situación que está viviendo en vez de expresar lo que siente y cómo lo siente. Por ello, va a ser importante que estemos conectadxs y escuchemos los mensajes que nos va enviando nuestro cuerpo. Solo así podremos conocer nuestro paisaje emocional interior.

 

2. Sostener y abrirse a la emoción…

Del mismo modo, es fundamental que las podamos sostener, dejarnos estar con esas sensaciones sin juzgarlas, ni juzgarnos, ni presionarnos y aceptando la realidad de lo que sucede. No siempre es una tarea fácil. Con frecuencia, las emociones pueden ser muy dolorosas, pero resistirnos a ellas solo empeorará la situación. Y es que el dolor es inherente a la vida, no podemos escapar de él.

 

El dolor, cuando no se convierte en verdugo, es un gran maestro.
-Concepción Arenal-

 

Como comentaba en un artículo anterior, lo que nos digamos sobre lo que significa sentir o expresar una determinada emoción va a influir por completo en nuestra vivencia de ella, pudiendo transformar nuestra experiencia emocional por otra totalmente distinta (si me digo que por estar triste soy alguien débil es probable que sienta enfado contra mí mismx).

A menudo, se nos puede acumular el trabajo cuando necesitamos prestar atención a una emoción que se nos hace presente y además también debemos atender a sentirnos, avergonzadxs, o culpables, o tristes, o enfadadxs, etc. por sentirnos de esa manera. En ocasiones, este cómo me siento por sentir esa emoción, va a eclipsar la emoción inicial que quedará desatendida.

Es necesario poder vivir y validar todas las emociones sin penalizarlas. Es importante que nuestras creencias estén en sintonía con la aceptación de la vivencia emocional y con la importancia que tienen en nuestra vida. Que superemos la deshonestidad emocional, nos apropiemos de nuestras emociones, nos sintamos con derecho a sentir y nos hagamos responsables de las emociones que surgen en nosotrxs sin necesidad de justificarnos ni de proyectar en lxs otrxs lo que es nuestro.

En un artículo anterior, hablé sobre las 5 libertades de Virginia Satir que propician una autoestima saludable. Entre ellas se encuentra precisamente «la libertad de sentir lo que siento, en lugar de sentir lo que creo que debería sentir, lo que se supone que debería sentir».  Y es que al permitirnos sentir con total libertad nos validamos y autoafirmamos y nos colmamos de autoconfianza y fortaleza.

 

La vida no es lo que se supone que debería ser. Es lo que es. La manera en que lidias con ella es lo que marca la diferencia.
-Virginia Satir-

 

Es interesante hacer una revisión sobre nuestras creencias hacia la esfera emocional en general y hacia cada emoción en concreto. Algunas preguntas que pueden resultarnos útiles en esta revisión son las siguientes: ¿Qué pienso de las emociones?, ¿Cómo se vivían o expresaban las emociones en mi familia?, ¿Qué pienso de la tristeza, del enfado, del miedo y de la alegría?, ¿Qué me digo cuando siento cada emoción?, ¿Cómo me suelo sentir ante cada una de estas emociones?

 

3. Reflexión y acción…

Una vez reconocemos, validamos y sentimos la experiencia podemos iniciar el proceso de reflexión. Identificar la emoción e identificar el estímulo -o estímulos- que la ha generado (la persona, la situación, el pensamiento, el recuerdo, etc.) nos ayudará a orientarnos en su propósito y a expresarla o ejecutarla si es necesario de la forma más conveniente. Una vez gestionada podremos soltarla y pasar a otras vivencias y emociones.

Es útil tener cierto vocabulario emocional ya que nos ayudará a reconocerlas y a expresarlas. Frecuentemente, las emociones se entremezclan y entramos en cierto caos interno (una misma situación me puede generar miedo, rabia y culpa, por ejemplo). Desgranarlas y ponerles nombre puede ayudar a ordenar este caos emocional. Al fin y al cabo el lenguaje estructura nuestras experiencias y también contribuye a que podamos comunicarnos con los demás y puedan comprender lo que nos está sucediendo.

También es importante conocer y comprender las diferentes funciones que cumple cada emoción, ya que esto orientará nuestra expresión y respuesta cuando aparezcan (la tristeza induce a la reintegración, a aceptar las pérdidas; el miedo nos indica que hay un peligro, etc.). Conocer los problemas que detectan y los caminos que resuelven estos problemas nos facilita poner la mirada en esa dirección y agradecer su aparición aunque haya podido ser dolorosa o inquietante.

 

Los sentimientos no pueden ser ignorados, no importa lo injustos o ingratos que parezcan.
-Ana Frank-

 

Nuestra esfera emocional, a veces, puede resultar compleja e incierta y no siempre vamos a lograr identificar lo que nos sucede ni mucho menos ponerle palabras. En estos casos es mejor no forzarnos y simplemente dejarnos sentir y tratar de guiarnos desde ahí. También puede ocurrir que sintamos una combinación de emociones que resulten contradictorias y necesitemos buscar la manera de darles espacio y de integrarlas.

No podemos elegir nuestras emociones pero sí podemos escoger cómo gestionarlas y cómo actuar en sintonía. Gestionar no significa controlar o suprimir la expresión ni tampoco ocultarlas a los demás. Tampoco significa ventilarlas o descargarlas catárticamente como forma de deshacerse de ellas. Menos aún, confundir emociones con conductas (no es lo mismo estar enfadado que ser agresivo, por ejemplo). Como dice Greenberg, las emociones necesitan ser reconocidas y traducidas en acciones constructivas y en mensajes comprensibles. De este modo, las emociones no son ya, solamente, reactivas; en lugar de ello, se convierten en una fuente de información acerca de las propias respuestas ante las situaciones.

 

Si cada día nos arreglamos el cabello, ¿por qué no hacemos lo mismo con el corazón?
-Gandhi-

 

Reflexionar sobre el impulso que me genera determinada emoción, rebajar su intensidad o contenerla si es necesario, o aplazar la respuesta para reflexionar sobre ella y sobre lo que resulta más conveniente para unx y para el entorno optimizará su función.

Asimismo, es útil tener en cuenta que muchas emociones, aunque se presentan antes estímulos actuales, en realidad están respondiendo a emociones sin resolver de sucesos pasados. Es especialmente importante tratar de diferenciar emociones presentes de emociones del pasado ya que estas nublan los sucesos actuales pero la resolución no pasa por el presente sino que pasa por trabajar y reprocesar lo que nos ocurrió en su momento.

De igual modo, es tremendamente útil aprender a soltarlas una vez hayan cumplido su función, no apegarnos o engancharnos a ellas.

En general, compartir nuestro paisaje emocional -abrirnos y expresarnos- nos acerca a los demás, incrementa nuestra intimidad, nos hace sentir escuchadxs, atentidxs, entendidxs, reconocidxs y validadxs. Esta sintonización emocional con otras personas funciona de pegamento social y resulta esencial para los seres humanos.

 

No conseguirás conmover otros corazones si del corazón nada te sale.
-Goethe-

 

 

En próximos artículos, desarrollaré algunas ideas sobre cómo gestionar algunas de las emociones que nos suelen resultar conflictivas y que más dificultades nos generan, como son el miedo, la rabia, la tristeza, la culpa y la vergüenza.

 

 

»No dudes en contactarme si tienes alguna consulta o si deseas iniciar un proceso psicoterapéutico para aprender a gestionar tus emociones.

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