Continuando con el artículo anterior, vamos a ver como el estrés, la velocidad y el afán por rendir pueden afectar a ciertos aspectos de nuestra sexualidad.

 

La relajación necesaria

Las prisas, la cantidad de estimulantes que ingerimos (cafeína, teína, bebidas energéticas, etc.) y las horas que pasamos delante de pantallas con estímulos visuales y auditivos potentes provocan que nuestro sistema nervioso esté sobreexcitado.

Nuestra respuesta sexual, a nivel fisiológico, necesita un equilibrio óptimo entre la activación del sistema nervioso simpático (prepara el cuerpo para situaciones de alerta) y del parasimpático (dirige el cuerpo a estados de descanso, de conservación). Es decir, que requiere de cierta excitación y/o de cierta relajación para que algunas reacciones sucedan naturalmente (erección, lubricación, etc.)

Por ejemplo, para poder tener una erección es necesario tener un mínimo de relajación, pero para poder eyacular se necesita de cierta excitación. Estar permanentemente alerta dificulta la relajación necesaria para poder tener una erección. Por otro lado, en caso de haber erección -al encontrarse tan activado- es más fácil que la eyaculación se produzca antes de lo deseado.

 

El estrés es un estado ignorante. Cree que todo es una emergencia.
-Natalie Goldberg-

 

Una sexualidad placentera, generalmente, está íntimamente ligada a estados de relajación, al menos intermitentes. Además, la sexualidad tiene mucho que ver con la rendición, con soltar el control, con la confianza y con el abandonarse en el otro.

De nuevo, nos encontramos que todo esto es realmente difícil desde un estado de tensión y alerta. Debido a nuestro ritmo acelerado, necesitaremos de un tiempo importante dedicado a entrar en este estado más fluido y sosegado, para que se puedan dar algunos de estos aspectos. Para ello, la respiración es una gran aliada.

 

Despertar los sentidos requiere quietud

Nuestro órgano sexual más importante es el cerebro. Cuando tenemos la mente acelerada, dispersa, es difícil poder concentrarse en nuestra excitación y en las sensaciones placenteras. Además, esta hiperatención que estamos desarrollando, esta capacidad multitarea a la que estamos acostumbradxs juega en contra de permanecer atentxs, relajadxs y focalizadxs en una sola actividad.

En estos estados tan sobreactivados nos perdemos todo lo sensitivo ya que el estrés es incompatible con escuchar al cuerpo. Para conectar con nuestro cuerpo es necesario aquietar, ligeramente al menos, la mente.

Los sentidos no entienden de prisas. Requieren del aquí (nuestro cuerpo) y del ahora (nuestro sentir, notar, percibir). Necesitan que nuestra conciencia esté presente y nos mostremos abiertxs y receptivxs a lo que vaya sucediendo.

La sensualidad, las caricias, el placer, requieren de calma y tiempo. Tiempo para saborear, para deleitarse, para disfrutar.

 

Algunas cosas son demasiado buenas como para hacerlas con prisa.

 

Además, cuando estamos muy activadxs necesitamos de estímulos más intensos para sentirlos con claridad (en ocasiones, ocurre el efecto contrario y nos mostramos hipersensibles a cualquier estímulo, llegando a ser desagradable). En este estado nos perdemos la riqueza de una suave caricia de esas que prácticamente solo te tocan el bello corporal.

Tengo la sensación de que, en parte, corremos tanto en nuestro día a día como una forma de no sentir, de escapar de muchas cosas que nos van sucediendo. Entonces, desde este modus operandi, tratar de llegar a la cama precisamente para sentirnos resulta realmente complicado.

En esta historia, la autoestimulación se lleva la peor parte. Parece que solo nos toquemos como método de descarga sin contemplar la riqueza sensual y erótica que puede tener esta experiencia.

 

¿Intimidad bajo presión?

El sexo es expresión, es intercambio de emociones y sensaciones, y una forma de comunicación (con unx mismx o con los partenaires). Como os podéis imaginar, las prisas y el estrés tampoco son buenos aliados de una comunicación fluida.

Las miradas, los gemidos, las caricias, las palabras, los gestos. Todo eso y mucho más forma parte de la relación sexual. Descubrir, escuchar, sentir, empatizar, abrirse al otro son acciones o estados que precisan de presencia y cierta quietud interna. Poder escucharse a unx (física y emocionalmente) y poder escuchar el cuerpo del otro requiere de una mente clara y de una atención profunda.

 

El tiempo no solo determina la intimidad. A algunos no les bastarían siete años para conocerse. A otros les bastan siete días.
-Sentido y sensibilidad, film-

 

Cuando estamos sobrecargadxs de estrés y prisas, todo nos molesta o irrita, nos sentimos fácilmente frustradxs y con la rabia a flor de piel. Si desde este estado nos embarcamos en la relación sexual, es probable que se convierta en una descarga de todas nuestras emociones negativas, más que en un momento de compartir, de contacto tierno y amoroso. De esta forma, el contacto íntimo se vuelve dificultoso.

Además, en ocasiones, las prisas hacen que tras el orgasmo volvamos rápidamente a nuestras tareas, sin aprovechar los grandes beneficios que tiene la oxitocina (la «hormona del amor») que producimos para alimentar nuestro vínculo y nuestra intimidad.

 

La creatividad y sexualidad lúdica

Una de las quejas frecuentes de las parejas que tienen relaciones duraderas es el aburrimiento bajo las sábanas. Con el paso del tiempo, la novedad desaparece y llegamos a creer que conocemos a la perfección el cuerpo del otro, sus reacciones, etc.

El estrés es un gran enemigo de la creatividad y de la actitud lúdica. Es por eso que en vacaciones muchas personas encuentran el espacio para revitalizar su vida sexual. Pero al volver a casa, parece que la rutina vuelve a absorberles.

 

La pura agitación no reproduce nada nuevo. Reproduce y acelera lo ya existente.
-Byung-Chul Han-

 

La creatividad precisa de tiempo de cultivo, incluso, a veces, de ese aburrimiento profundo que es importante para un proceso creativo, tal y como dice Byung-Chul Han.

Reducir la velocidad, alimentar la serenidad y la calma interior nos ayuda a pensar y actuar de forma más intuitiva y creativa. Tener objetivos muy rígidos (llegar al orgasmo no tiene por qué ser la mejor parte de la experiencia, ni siquiera es necesario que forme parte) nos hace perder espontaneidad, desaparece la curiosidad y la inocencia y nos aleja de jugar a descubrinos en el aquí y ahora, de ser imaginativos y de disfrutar como si fuesemos niñxs.

 

Reflexión final

Estamos anteponiendo el trabajo y las obligaciones al descanso, el placer y a nuestro bienestar y el de nuestras relaciones. Nos alejamos del disfrute y de la serenidad.

Como dice Diana Richardson, la energía sexual es la propia fuerza vital que circula a través de nosotros. Pero, ¿en qué estado está nuestra fuerza vital llevando este estilo de vida tan nocivo?

Nuestra vida sexual requiere de tiempo. Nuestro deseo necesita tiempo, la seducción precisa de tiempo, la excitación reclama tiempo, la intimidad procura de tiempo, el amor demanda tiempo, cuidarnos y escucharnos suplica tiempo para nosotrxs.

 

Hay que plantearse muy seriamente a qué dedicamos nuestro tiempo. Nadie en su lecho de muerte piensa: “Ojalá que hubiera pasado más tiempo en la oficina o viendo la tele”, y, sin embargo, son las cosas que más tiempo consumen en la vida de la gente.
-Carl Honoré-

 

En esta ocasión, no te voy a ofrecer claves sobre cómo gestionar el tiempo, desestresarte o insuflar vida a tus relaciones sexuales. Mi intención es que reflexionemos sobre cómo estamos organizando nuestra vida, cómo nos relacionamos con la lentitud y qué prioridad estamos dando a nuestra sexualidad.

Como he comentado, en terapia me encuentro en muchas ocasiones que estas claves son parches que a duras penas consiguen mejorar nuestra calidad de vida, pero que no tienen suficiente capacidad como para solventar un problema tan profundo.

En algunos casos, es posible que necesitemos de cambios más drásticos en nuestro estilo de vida. Priorizarnos, y priorizar nuestras relaciones por encima de producir y de consumir tanto. Conseguir que el trabajo no se apodere de nuestras vidas. Ser realistas con nuestras limitaciones. Hacer menos cosas pero disfrutarlas más.

 

¿Qué espacio quieres dedicar a tu sexualidad y a tus relaciones?

 

También es interesante que revisemos qué esperamos de nuestras relaciones sexuales. ¿Para qué nos autoestimulamos? ¿Para qué tenemos sexo con otras personas? Qué buscamos, qué necesidad o necesidades están presentes y qué objetivos y expectativas nos marcamos.

Antes de acabar, es importante que remarque que el sexo rápido y explosivo (el aquí te pillo aquí te mato) es maravilloso. Que la sexualidad puede vivenciarse de cientos de formas que no tienen por qué pasar por la suavidad, el amor, la intimidad, etc. Simplemente me he centrado en un marco más genérico que es el que me encuentro más frecuentemente en las demandas que recibo.

 

¡Y aquí va un regalito! Espero que lo disfrutes…

 

»Puedes encontrar más información sobre cómo funciona un proceso terapéutico enfocado en la sexualidad aquí.

 

Recomendación bibliográfica: Elogio a la lentitud. Carl Honoré

 

»1ª parte del artículo: ¡A toda máquina! Sexualidad, prisas y estrés (1ª parte)

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