… «El amor requiere entrega total»

Vivimos un momento social en el que la entidad de la pareja se ha vuelto el núcleo central de nuestra existencia y a la que nos dedicamos en cuerpo y alma. Esto condiciona nuestras vidas y el estado de nuestras relaciones. Muchas personas viven enteramente para encontrar pareja o para su pareja, con las consecuencias que eso puede comportar.

Podéis comprobar lo que da de sí el tema de los mitos del amor romántico y hasta qué punto podemos estar influenciadxs de una manera u otra.

Esta vez me voy a centrar en el tercer grupo de la clasificación: “El amor es lo más importante y requiere entrega total”. Este grupo está íntimamente ligado al anterior, y es que esta clasificación es puramente conceptual para poder ordenarnos un poco mentalmente. En realidad todas estas creencias se retroalimentan entre ellas.

 

Solo se puede ser feliz en pareja

Parece ser que en esta vida solo se puede ser realmente feliz si se está en pareja. Hemos convertido el amor de pareja en el centro de nuestra existencia personal y de la felicidad humana. Vemos el amor romántico como la única fuente posible de nuestra felicidad y de darle sentido a nuestra vida, donde encontraremos el equilibrio, la plenitud, el significado, el paraíso perdido.

Nos obsesionamos con encontrar a alguien para formar una pareja, y así empezar esa vida que tanto soñamos, la única buena vida posible, claro. Esta búsqueda marca todos nuestros anhelos y metas y podemos supeditar el resto de áreas de nuestra vida a ésta misma.

Esta importancia acérrima, a tener compañerx y su asociación a la felicidad e incluso al éxito social, está latente en nuestra sociedad y pasa a vivirse como una obligación. Lxs solterxs son vistos, en cierta forma, como pobres desvalidxs, incompletxs y, por qué no, un poco defectuosxs. También como personas que están divirtiéndose pero con una vida vacua y superficial hasta que se centren y entren al fin en el mundo de los adultos (sí, parece que la soltería es cosa de inmadurxs).

 

Existen muchísimas presiones sociales acerca de estar en pareja que pueden acarrear desde vergüenza, a ansiedad o a un gran pavor a estar “solxs”.

 

En ocasiones, parece que estemos más apegados a la idea del amor y a la idea de estar en pareja, que al hecho de amar a una persona de carne y hueso. Y es que la característica central del amor romántico consiste en enamorarse del amor más que de una persona real.
Desde esta premisa es fácil embarcarse en relaciones fantasiosas, obnubilados, sin prestar atención a la persona que tenemos en frente y a lo que realmente queremos y podemos construir con ella.

¿Y qué puede pasar si básicamente iniciamos y mantenemos relaciones porque creemos que si no no podemos ser felices? O sea, si construimos relaciones desde el miedo a estar solxs o a ser infelices. Es probable que nos decepcionemos y que no tengamos mucho más que ofrecer que nuestra necesidad y que estemos sedientos por cumplir estas expectativas.

Además, el miedo a quedarnos solxs de nuevo, y volver al equipo de lxs «losers», incitará que tratemos de mantener esa relación con todas nuestras fuerzas, por mucho que nos desgaste o no nos enriquezca.

 

Hazme feliz

No solo pensamos que solo se puede ser feliz en pareja, sino que creemos que la otra persona es responsable inequívoco de nuestra felicidad.

Nuestrx compañerx ha de colmar nuestras necesidades, deseos, expectativas y esperanzas. Ha de calmar nuestros miedos y nuestro dolor. Ha de estar disponible y dispuestx siempre que lx necesitemos y de la forma que lx necesitemos y si no nos enfadamos, exigimos o culpamos de nuestra desgracia.

Esta idea de que el otro me hará feliz, nos deja en una posición poco empoderada, de poca autonomía y poca responsabilidad. Además, le añade unas expectativas y una presión a la relación y al otro sobrehumanas.

Y ni te cuento la presión que supone creer que debemos hacer feliz al otro. ¿Te has fijado lo difícil que es procurarse la felicidad a unx mismx? Pues intenta hacerlo con otra persona que no eres tú: sin saber lo que realmente piensa, lo que siente y necesita a cada momento, etc. ¡Necesitaríamos superpoderes y mucho tiempo libre!

 

La entrega total y el olvido de sí

Existe la creencia romántica que amar a alguien significa entregarse completamente, sin límites ni restricciones de ningún tipo.
Muchas personas cuando inician una relación se olvidan de su propia vida, adaptándose y dependiendo totalmente de la otra persona. Entienden las relaciones como una fusión y el amor como una despersonalización, olvidando su propia identidad y sacrificando su Yo. Renuncian a su intimidad, a sus sueños, a sus proyectos y entregan su vida y su voluntad a la otra persona.

 

Movidxs por el miedo al rechazo, a la soledad, a no merecer amor tal y como somos, etc., vendemos nuestra alma para recibir un poco de amor o aceptación.

 

Esta fusión está muy ligada a la idea de completarnos con nuestra media naranja, pero llegando incluso a desdibujar la media supuesta parte que somos para adaptarnos a la otra persona. Creemos que la manera de volvernos uno con el otro es olvidándonos de nosotrxs y mutándonos cual camaleón. Pasamos a tener relaciones en las que compartimos absolutamente todo nuestro espacio, incluso el interior, y el en que nos perdemos a nosotrxs mismxs.

De esta forma tratamos de llenar los vacíos internos, de calmar nuestros miedos, de olvidar nuestros fantasmas y de manipular al otro para que nos necesite y no nos abandone.

 

«Sin ti no soy nada», «moriría por ti», «nada valgo sin tu amor», son las típicas frases que escuchamos en la radio todos los días.

 

A la larga estas estrategias no suelen ser muy efectivas. Por un lado, en estos estados de fusión nos vaciamos, perdemos nuestra identidad y dejamos de reconocernos si no es a través del otro. Nos vamos desdibujando, olvidando quiénes éramos antes de esa relación, perdemos autonomía y vivimos con ansiedad y terror de perder al otro, porque nos estaríamos perdiendo a nosotrxs mismxs. Además del riesgo que comporta la entrega incondicional, ya que le estamos cediendo todo el control al otro y para colmo independientemente de cómo nos trate.

Por otro lado, la falta de espacio propio y de individualidad fomentan caer en la rutina, la falta de novedad y pueden generar relaciones asfixiantes. No suele ser muy divertido relacionarse con un apéndice de unx.

 

Reformulando el mito

Llevo cantidad de años leyendo resultados de estudios que afirmaban que las personas que estaban en pareja eran más felices e incluso vivían más años. Ahora me pregunto cuál es el interés de reafirmar insistentemente esta premisa. ¿Qué tratan de demostrar o promover?

Las cosas van cambiando y resulta que ahora también se hacen estudios sobre la calidad de vida de los solterxs. Y encontramos resultados contrarios que afirman que son más felices y viven mejor.

Ahora bien, más allá de estudios y estadísticas -algo absurdas en mi opinión- creo que es importante que reflexionemos sobre esta asociación de conceptos: pareja y felicidad.

Es difícil, por no decir imposible, ser feliz sin amor. Eso no significa que necesitemos amor romántico o de pareja. Resulta que la pareja tiene el papel protagonista en la sociedad y el resto son meros secundarios, pero la realidad es que podemos tener muchas otras conexiones que nos aporten y en las que aportemos amor y afecto y en las que nos realicemos y desarrollemos.

 

«All you need is love»
Todo lo que necesitamos es amor, cierto. Pero no específicamente amor romántico o de pareja.

 

El otro no es responsable de nuestra felicidad ni nosotrxs de la suya. Es cierto que, cuando estamos en la fase del enamoramiento, la vida se tiñe de un color especial y todo pasa a ser más emocionante. El cóctel de hormonas y neurotransmisores que segregamos son un antidepresivo natural y nos encontramos pletóricos y tremendamente felices. Está el añadido de que como llevamos toda la vida buscando y esperando a esa pareja, la meta conseguida también nos aporta mucha satisfacción. También el entorno nos aplaude por ello, así que el asunto se convierte en un triplete de felicidad.

Pero cuando la fase del enamoramiento decae, volvemos a ver la vida con las mismas gafas que usábamos antes de que el otro apareciera, y ese estado pletórico disminuye, asemejándose al que teníamos antes (lo mismo les pasa a los ganadores de la lotería). Además, pasamos a ver la realidad del otro y se nos activan miedos, viejas heridas y las dificultades propias de cualquier relación humana.

En una relación de pareja podemos encontrar muchísimas cosas que nos aportan alegría y felicidad: pertenencia, vinculación, amor, ternura, sexualidad, aceptación, cuidado, etc. Por lo tanto puede contribuir enormemente a nuestra felicidad, pero no puede darnos La Felicidad.

 

La pareja te puede dar felicidad, pero no tiene el poder de hacerte feliz, lo cual es un matiz importante.
-Joan Garriga-

 

Como dice Joan Garriga la felicidad es un estado interior que en última instancia solo depende de uno. Es una actitud vital, una forma de relacionarnos con la vida, que poco tiene que ver con si nos encontramos al lado de alguien o no. La soltería no tiene por qué aportarnos malestar ni hacernos desgraciadxs. Al contrario, nos ofrece tiempo y espacio para conectar con nosotrxs y desarrollarnos a nuestro propio ritmo. Tiempo para buscar en nuestro interior todo aquello que necesitamos y que algún día podremos compartir, si así lo deseamos. Qué distinto es conseguir el bienestar por medio de alguien, a compartirlo.

Si aflojamos la presión, esa necesidad de estar en pareja, podemos disfrutar de las etapas de nuestra vida en las que decidamos o tengamos que estar solterxs. Además, cuando construyamos una relación, la decisión la tomaremos en función de la persona que hemos conocido, porque realmente queremos compartir algo más con ella, y no por el simple hecho de que hay que correr y emparejarse lo antes posible. Y si nos responsabilizamos de nuestra felicidad, nos empoderamos y la relación se vuelve más fluida y liviana, sin tantas presiones ni expectativas irrealizables.

 

El encuentro entre dos personas es como el contacto de dos sustancias químicas: si hay alguna reacción, ambas se transforman.
-Carl G. Jung-

 

Lógicamente no vamos a encontrar alguien con el que vamos a ser compatibles en todo y a cada  momento. Será necesario que veamos al otro, le escuchemos, negociemos, seamos flexibles y nos influenciemos mutuamente a ciertos niveles. Se trata de un intercambio, un diálogo entre dos personas autónomas y diferenciadas donde hay reciprocidad y respeto por el otro. Pero dos personas diferentes, no dos en uno.

No puedes ser todo para alguien, ni alguien puede ser todo para ti. No podemos cubrir todas sus necesidades, expectativas y demás. Esto no lo consigue ni siquiera una madre con su hijx. Y para intentarlo, tendríamos que pasar por encima de nosotrxs en múltiples ocasiones. Tendríamos que prescindir de gran parte de nuestras necesidades e, incluso, cambiar muchos aspectos propios que no encajan con lo que se espera de nosotrxs.

 

Nos hicieron creer en una fórmula llamada “dos en uno”: dos personas pensando igual, actuando igual, y que era eso lo que funcionaba. No nos contaron que eso tiene nombre: anulación. Y que solo siendo individuos con personalidad propia podremos tener una relación saludable.
-John Lennon-

 

Lo deseable es que ambxs satisfagamos muchas de nuestras necesidades fuera de la relación. Esto puede dar miedo, porque significa que el otro no te necesita tanto, que no eres el centro de su universo y que en cualquier momento se puede ir. Y sí, señoras y señores, en cualquier momento se puede ir. Eso es la libertad. Pero podemos confiar en el vínculo, en la relación, y no en que el otro me hará feliz, pero sí en que desea mi bienestar y mi felicidad. Además, esto nos protegerá ante una posible ruptura y nos ayudará a gestionar el gran vacío que suele acarrearnos.

En definitiva, conseguir ese espacio propio nos permitirá mantener un equilibrio entre nuestras necesidades y las de la pareja. Nutriremos al otro y a la relación sin canibalizarnos mutuamente. También reduciremos en nivel de exigencias hacia nosotrxs y hacia el otro y cultivaremos un espacio común donde compartir y disfrutar, así como cuidaremos del aire tan preciado que necesita nuestro deseo sexual.

 

Recomendación bibliográfica: Ni felices. Ni para siempre. Clay Newman

 

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